viernes, noviembre 09, 2007

SERÉ YO



Dejaré por un minuto a la muerte,
a los llantos, a las sienes,
al silencio, a la oscuridad, a la sangre,
a la soledad, al recuerdo,
a la amilola, a doña musa de año nuevo,
a mi cabeza, a mi cuerpo, a mis ojos,
y seré buen poeta escribiéndole a la tierra,
a los perros oliendo huesos bajo la mesa,
a la orina caminando por entre los zapatos
de gente ebria en la fiesta de las 12,
o a la hierba infinita y acolchada,
que hace de aliada en el clímax de los polvos,
y no piensen ustedes, estimados extranjeros,
que hablo de la tierra suelta y perdida entre los aires,
porque hoy también le escribo a las nalgas y a los muslos
y a los pechos y a las faldas,
porque hoy estoy ardiendo,
porque no tengo mente, sólo cuerpo
que yace excitado mirando pezones
junto a una vista que ni mar, ni alba, ni sol acostándose tiene.
Mas no seré yo, por un minuto.


No seré yo, por un minuto,
y me transformaré en Parra,
o González Koppman,
porque a veces pienso que ellos robaron mis letras
cuando recién yo escribía en el cordón
umbilical, pegado a mi madre,
o quizás sea como Rojas hablando de senos,
y mujeres bellas,
oh!, qué bueno que es este Rojas que aún lo veo transitando
por estos años, moviendo su boina cargada de letras
que eyaculan mis manos portando su libro,
y eso que apenas lo conozco,
sí, apenas lo conozco.
Pero hoy da lo mismo, pues no seré yo, por un minuto.


Y si la hora ha de tomar, estimado lector,
bien sabrá que el minuto muerto yace,
y las letras no son más que el vómito de mis sienes
¿o acaso no ha visto que acabo de nombrar otra vez a la muerte?,
también la palabra sien, que tanto me gusta,
y la seguiré escribiendo hasta que me plazca,
porque dejaré de ser yo para ser yo, y hasta el hartazgo,
aún así estén muertas mis manos,
y mi cabeza,
o así mueran también los pueblos,
o la amilola,
o el brillo de aquellos ojos de año nuevo,
o aun si tenga que morir la muerte,
porque entonces cambiaré el escritorio hacia la funda
que verá derretir mi piel,
y pese a todo, en el silencio,
seguiré siendo yo.


domingo, noviembre 04, 2007

DÉJENLA MORIR



Dejen morir a la muchacha,
déjenla lidiar con el morbo de la libertad,
y denle la oportunidad de apuntar y agendar
la fecha de su muerte.


Déjenla gritar, déjenla llorar
en sus últimos días,
déjenla desnuda caminar por la calle de la infamia,
déjenla huir hacia donde habitan mis poemas,
correr hacia mis manos,
que secando lágrimas le echarán sobre su cabeza
el último kilo de tierra,
justo cuando se nos acabe la noche.


Y no le hablen más de batas, ni claustros,
ni salas vigiladas,
tampoco la engañen con mentirosas pastillas;
si la muchacha prefiere morir volando sobre alguna nube
que dormir ciega y con eternos sedantes,
y mas ustedes le siguen la tortura
con recetas de finitud obligada,
como si el tiempo fuera el verdadero regalo de los dioses,
y no el acto de ser soberano de su propio cuerpo.


Qué esperan, qué esperan si ella no cesa su reclamo,
qué esperan ustedes bazofias de paradigma,
acaso tienen muerta la vista
que ignoran la muchacha menstruando deseos libertarios,
acaso no miran sus vómitos de letanía sangrienta,
solo prendan sus ojos y enfoquen los lentes,
malditos espías,
que sobre la pantalla bien la ven desnudándose,
pero se hacen los tontos cuando clama
la ira de muerte en vuestras sorderas.


Ruego cogiendo el vaso y a punto del estallo,
que la dejen morir de una buena vez,
que pueda la muchacha sonreír ante el sarcófago
que junto a mi desaparecida sombra la espera,
y así poder beber juntos,
bajo la tenida del silencio,
el tierno deseo de poder ser huesos
perpetuados bajo el crepúsculo nerudial,
y amparados en sencillos seres libres,
que deciden, así nada más, dormirse en un epitafio.


sábado, noviembre 03, 2007

LA ERA

Poema


La Era yace vomitada en los parlantes a lo lejos,
aparece con su mano sobando nuestras cabezas,
nos mira y bota llantos de un hombre que murió
con su gorra perdida en los primeros días de octubre,
enredado entre ramas y fusiles revolucionarios.


Así suena La Era,
golpeando las paredes ignorantes de sus letras,
haciéndonos creer la historia de una época
tejida de amores y más amores,
cruzadas con tragedia propia de nuestros versos
de historia demracada.


Pero La Era que escuchamos es distinta,
esta Era tiene forma de aura
y de burbuja,
donde yacen dos caras en un museo
de artilugios románticos y anormales.


Y no quiero que hoy me digas
que te han robado los recuerdos,
pues tú sabes cuál es La Era de la que hablo,
nuestra Era vestida abrazos,
nuestra Era cubierta de una solitaria sobremesa
junto cigarrillos encendidos y tazones a medio llenar,
nuestra Era con forma de noche como centro de acogida
de dos cuerpos mirando el inconciente,
nuestra Era disfraza de cuerdas,
más una voz cubana moviendo la boca,
hablo de nuestra Era,
la que despierta mi recuerdo en tu distancia,
y la que supo drogarnos cada noche,
haciéndonos saber de conceptos raros,
de un peculiar festejo que hasta estos días
sigue escrito en las hojas de mis sienes.


Hoy escucho al presente entonando melodías,
portando el lápiz que me hace ser parte
de alguna mundana estrofa,
mientras sigo tallando,
en alguna parte de mi cuerpo,
los poemas que me hacen contener la espera,
cuando en los parlantes y sin cansancio
continua Silvio cantándonos La Era.