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De pájaro cantor se encargaron los autos en la cruda avenida,noche de ojos brillantes y frío embobado,caminatas sobre el diván de un pueblo,que cada tarde, suele dejar de ser pueblo.Allí entre toda esa sinfonía, las rodillas se asomaron casi por detalle,debajo del abrigo,los espirales fogosos de su cabezacayeron como aburrimiento hacia Francisco Puelma, ese día la esquina del folclor.Allí me quedé yo con cara de nervio,guardando la evidencia de mis manos entremedio de los bolsillos,después vino el abrazo y un poco de historia,unos versos,una botella cerrada de vino blanco, ebria entre sus ropas,un whiskhy a la carta y sin alcohol,una canción de azares y los pasos hacia no sé dónde,con la excusa de avanzar, sin siquiera saber cómo avanzar.Recuerdo que me arreglé la corbata y me amarré los zapatos,recuerdo que me recordé lo torpe que soy para ocultar lo que no se debería ocultar,y aún así pude sobrevivir a los semáforos rojos,al recuerdo y a la agonía,a mi cabeza,a la muerte,y fue otra vez el pasto de un parque cualquiera,el cómplice de mi vuelta a la vida, a las primaveras perdidas,del otoño y de las mariposas,embriagadas en vinagres y en palabras que meses atrás se guardaron sobre otras palabras.Y todos nos sonrieron,y yo me sonreí, escondiendo los garabatos del día anterior,el restorant japonés, el motel de la fama,el auto esperando el verde,el frío rendido ante el ejercicio de nuestros pasos,todos supieron de poesía y de alegría,de reconstrucciones memorialesque mi rostro se encargó de masificar.Y allí nos quedamos,como pidiéndole al reloj que mintieran un rato más,como exigiéndole a la autoridadque se dediquen a alargar las calles,con ganas de sacarnos los abrigos, y seguir cantandoy seguir bailando,sobre la pista urbana, con luces en el cielo.Pero llegó la esquina que no pudimos sobrevivir,y nos conformamos con saber que seguimos vivos,y nos confrontamos con la idea no seguir escondidos,mientras levanté de entre mi chaqueta un corazón que volví a dejar entre su cartera,y así me puse a dormitar,sus medias negras, perfumaron la despedida,su abrigo, la inspiración para no volver a vivirfuera de sus bolsillos.Entonces entendí que la búsqueda de mi psicomagia, había terminado,y que cada ondulación derramada sobre su cabellera,era un poema más,de los que me quedan por escribir.
De madrugada hago esfuerzos para volver a nacer en mi azotea,no me importa el frío ni la soledad,las melodías ni la maldad,solo quiero ese pesebre de botellas ardientesque me lleven hacia la luna,y bailar sobre sus dientesy cenar junto a su entrepierna,mientras las musas y sobre las baldosasme piden una estrofa máspara sus bikinis que a las cinco de la mañanaprácticamente no me interesan.La noche es un ajedrez y una ironía,la desnudés, una velada necesaria,una fantasía,que me ayudan a buscar entre las copasuna escalera hacia la eternidad,nubes de melodías sobre la historia,diarios de vida pidiendo una que otra poesíaen el escenario de mi verso,que te dejo en el cajón de tu velador.Yo apenas tengo mi lápiz,una velada de tangos y tangaspeleando la primera palabra, susurros en la pelvis que piden secreto profesionalpara seguir viviendo,y mi conciencia que mañana pedirá perdónjunto a la resaca de los dioses,más putos que el papa,más dócil que el Dalai en llamas.Apágame esta adicción, rubia del Maipo,cambia esas sudaderas por mi boina,no traiciones mi inteligencia,que aquella guitarra que nunca pude sonar,sabe mejor que un desfile de modas,que un blackberry eyaculadoentregando amor desde un cajero automático,sabe mejor que la fibra y el gimnasio,que la camisa abierta del rudo tarado en mitad de la barra,que te excita, pero que no te agita.Yo tengo un bolígrafo y una historia,un retrato tuyo escrito en la cama,un verso crudo que olvidé la otra tarde en el paraíso,mientras me dormí sobre tu vientrepoco antes de morir,escribiendo una Olea y una Vergaraa la entrada de tu cuerpo.Oda al maquillaje, a mis copas demás,a tu dulzura, a mi locura,a los astros,a tu ropa interior, a los años que te sobran y que te faltan,a las palabras, oda para ti y para la luz, para tu piel, para el silencio, para mi agonía,bendita la agonía, maldita apología,Y si quiero volver a nacer,que sea en la azotea,donde pueda gritar la muerte,si definitivamente te niegas a aparecer.

He tenido que esquivar las balas,las amenazas, las farras,he tenido que enamorar a las tabletas,para silenciar el reclamo de todas esas depiladas piernasque han pasado por mi colchón,he tenido que cambiar de ropa,de estrofas, de aliento, de alimento,he tenido que escapar hacia la castidad,para no volver a encontrar esta noche y sobre mi cuerpo,nuevamente mi propia realidad,he tenido que cerrar la puerta,guardar mis corazones, quemar sus enaguas,esconder las voces,secar los vasos,apagar las poses,he tenido que morir en la cama,para aprender a vivir con zapatos,he tenido que mentirle al vino y a la cerveza,a la mujer del 23, a la agenda en la pelvis,a mis apuntes, a mis otoños desnudos,a los nombres diversos, a cada mañana,he tenido quitarme los ojos,para volver mirar con letras,he tenido que dejar Londres y sus mini faldas,Paris y su revolución, he tenido que callar a Madrid y sus aves de paso,he tenido que pegarme un balazopara volver a nacer,para volver a creer,escribiendo sobre su espalda el verso que grita a escondidasa través del vientre donde habito,el que me ha devuelto las rosas,el que me ha encendido la prosa.Allí te miro y te escribo,para que las ilusiones no tengan complejos, para que tu cuerpo sepa de insolencias, mas que de inocencia, y para que las verdades,la callen los espejos.Por eso acudo a mis reflejos,haciendo de esto un rosario que en el altar de mi almohada,rezaré junto a tu nombre,aun cuando todavía,ni siquiera me conozcas.