skip to main |
skip to sidebar

¿Cuántos metros tiene el puente?,cuántas súplicas al borde de la muerte,cuánto plomo sobre el callejón,precio del grito,sin misericordia de los impunesque olvidaron la necesidad,que escondieron la razón,¡Válgame Dios la oportunidad!,el pescador encapuchado,se cubre el rostro con dignidad,levanta los brazos,vómitos de frustración contra el uniformado,que con armaduraolvida el corazón;y una tregua excepcionalhace de los fierros naranjosuna pasarela en medio de la montañapara adultos con necesidad,para esclavos, de la eternidad.¿Cuántos Jesucristos salen a la mar?¿Cuántas cruces mueren,bajo el escritorio de un ministro?El rezo se hace en medio de las bombas,la eucaristía, cae junto al chorro de agua.Mahuen cambió las luces rojas de un semáforopor la sangre hirviendo de una fogata,yo cambié mi objetividad frente a la pantalla,mucho más que por un beso en la mejilla,¡qué mas da!,el mundo cambió su perpetuidad,por un centenar de industrias.El honor nunca usa corbatas,el amor, tampoco se viste de uniforme.¿sabes navegar, amigo periodista?la naturaleza toma palcoy la costanera, nos guiña el ojo,la vergüenza cruza la Ribera Sur en helicóptero,nosotros la cruzamos en bote.¿Puedes negarle un beso a la niña enferma?,¿puedes tomar el ramal, y golpear la espalda de aquella anciana?¿puedes acaso aprobar una hidroeléctrica?yo puedo mentir para vivir,pero no puedo vivir para mentir.Sepa usted entonces,que la fertilidad no solo se da en el vientre,sino también en la tierra.El agua cae de arriba hacia abajo,de abajo hacia arriba, de río a río,llueve con desgarro, insaciable, y el verde,pinta los cerros en medio de las casas,ha muerto el Ozonoy sin embargo,sucede que aquíno hay agua ni calor,el dinero, busca concienciaspara hacer el amor.Me pregunto ahora que estoy acá, hincado en la burguesía,¿podré volver a sentarme con Dios, al final del día?¿cuántos santos le golpearon la puerta al señor ministro?El carpintero sabe tan poco de política,como el abogado sabe tan poco de barrendería.Yo me quedo en la desesperación,usted sabe que en el bolsillo,está la solución.No mas me queda decirque nunca olvide,que el mundo, la vida, el planeta,todo, parte desde el sur.

Tengo los 26 años adentro del cajón,grupos de personas alrededor,un recuerdo,las 37 mujeres a quienes en una sola camales habité las entrepiernas,tengo un reloj de imitación,unas gafas sucias,una canción,y una carta de mármol,en un pequeño parquelleno de cruces.La guitarra a veces encuentra funeral,porque un cancionerotambién es un epitafio,y a la larga,la vida tambiénvive para morir.Yo escribo sobre la mesa,la última mirada hacia atrás,los años de carnaval,los bailes en el colchóna medianoche y sin pastillas en el velador,y guardo mis errores en la cabecera,y juego en un manicomioa ver quién es el verdadero genio,y juego en el Paseo Ahumada,a ver quién es el verdadero loco.Estoy muerto y con los ojos abiertos,me bebo los últimos secretos del bar,golpeo al vendedor,me golpea el cuidador,y vuelvo a llorar;la imagen tan severa, me desespera,¿qué dirán mis putas, viéndome estallar?,qué dirá Javiera,a quién no he vuelto encontrar.No quiero a los curas hablando de moralidad,no quiero flores,ni lágrimas en el altar, tal vez Kurt Coubain tocando el Ave María,haría de la virginidad, el único pecado original.Pero tengo un traje gris para la ocasión,los rockeros, ¡ay! de mis amigos los rockeros,sacudirán sus cabezas,y los trovadores, mirarán el suelo,mientras yo dormiré sobre un papel,que necesita su historia,habrá un poco de melodía,y un cóctel a la entrada del dormitorio,esperando que esa tal García,se digne a aprobar mi exhumación,antes, mucho antes de que termine el día.
Termina la sinfonía,la luz cierra la cortinay la agoníaqueda sobre el vaso de los oyentesque piden silencio, y volver el tiempo atrás.No hay más escenarios,el Rey se va sin despediry se esconde en su madriguera,donde ya nadie lo molestará,ni con dinero, ni con amor.El público llora porque quiere cantar,el público canta, porque quiere llorar,el acordeón suena porque tiene que sonary otro hombre toca, porque lo quiere homenajear;la gente mira, los vecinos miran,la libertad se va con él,con su manta y su sombrero,las chuchadas escritas en el libro de condolenciasy el último mate,sigue burbujeando,en la canción final que todos entonan,después del último suspiro.El Rey tiene sueño,se acabó el concierto,no hay tiempo ni lugar,solo una biblia con la cual conformarsey una fiesta vestidos todos de charros,Los Hermanos Bustos, su primo Antonio Aguilar, que nunca conoció,la cerveza, el vino, la bebida, el consomé, la carne de cordero,la ensalada y las lágrimas levantando las copas,en la mesa familiar,donde hasta el trono,llora en el pentagrama, el último minuto de libertad.El Rey del Acordeón, dio la vuelta hacia el camarín,el público, se ha quedado sin bailarín,ahora a cambiarse de ropay a guardar el último boleto, que la caravana llega hasta donde esperala ciudad de las cruces,allí le cantaremos nosotros,el verso inmortal sobre el mármol.Los músicos han cambiado de escenario,siguen formados esperando la señal,el Rey duerme, nadie lo molesta,los demás lo despiden,yo escribo la última canciónmientras el teatro se cierra,porque la función terminó,el abuelo ha muertoy todos lo lloramos.