domingo, marzo 21, 2010

SOLO ERA UN CAFÉ



Sólo quería un café,

en Santiago, Madrid o Buenos Aires,

sentados sobre los adoquines de Lastarria,

o perdidos en la acera de la calle Sucre,

sólo quería un café

para hincarme a cantar en la medialuna de la ciudad

las letras desesperadas de este anotador

que esperan furiosas escondidas

en el fondo de un guardador.


Sólo quería un café para mirarla y adorarla,

para escucharla burlarse de todos mis versos,

que yo creí dignos de un nobel,


sólo quería un café

para tener la excusa de poder besarle la mejilla

de entrada y de salida,

para poder tener más emociones

que me servirán de poemas

el día de mi juicio final,

para lograr coordinar mi pulso

sin tener que padecer un parkinson insaciable

cada vez que la tengo enfrente,


sólo quería un café,

para escribirle con la servilleta,

lo que nunca me atreví a decirle con la boca,

y así quizás morirme tranquilo

en la víspera de San Valentín,

lejos de las rosas y de los corazones.


Sólo pedí un café con ella, sobre la ciudad,

y termino cansado el día,

sin siquiera haber tenido una respuesta.



miércoles, febrero 17, 2010

TRÁGICO EN RECREO




Morena dónde estás,
que los giros son más agitados
y veo más cercana
la posibilidad de quedarme allí en el muelle
alojando a mi cuerpo y a los siete litros de vodka
que me tienen pensándote
desde que me dispuse a abrir esa botella.


Dime que también escuchas
el oleaje excitado conjugando sus gemidos
con algún tema de Charly García sonando a lo lejos,
y que no soy yo quien quiere sentarse a escribir para siempre,
las historias que conforman estos versos
que comienzo a detestar,


dime que no se trata de una roca

la mujer que permanece sentada a un par de metros,
viéndome tragar la noche
en sorbos desesperados y alejados
de donde mis otros compañeros
se empinan, al lado de la fogata,
esa hierba humeante que los hace felices,


dime que no es Sabina

el que canta al otro costado del océano,
y que no son mis amigos
los que le roban el silencio
al puerto inspirado
y emocionado,


dime que no es verdad

el trágico final de mi botella,
dime que no soy yo
ni aquella mi agonía
las que besan los litros de sal
que comienzan a subir por entre los fierros
y que no son ellos,
los hombres de blanco,
los que toman mi cuerpo hacia el carrito
que me tendrá hasta que se vistan luego
todos de negro,
y se recuerden de lo mucho que me quisieron.


Dime que no es verdad,

que sigo sin saber si estoy vivo o estoy muerto,
si estoy ahogado o enterrado,
o si es esto un poema o un epitafio,


dime si te llamas Morena o Argelina,

si eres la Pamela o la Masiel,
dime si fuiste tú
o los hombres con balizas,
o los rostros lloriqueados de mis amigos
o el mar de perfecta garganta,
o si fue la noche y su lugubridad,
dime si quizás fue esa botella,
lo que me obligó a terminar este texto
sentado en una nube
mirando cómo ustedes están velando mi cuerpo.

martes, enero 26, 2010

UNCIÓN DE LOS ENFERMOS




El cuerpo siempre nos negó la eternidad,

y sin embargo,

continuamos frunciendo nuestros rostros

en el camino hacia la muerte.



Siempre supimos de la libertad,

pero agachamos la cabeza

en la cultura de la prisión

que nos atrapa,

que nos asesina la conducta

en la triste virtud de la occidentalización.



Cambiamos la risa por el odio,

y con odio nos reímos del que se ríe,



abrazamos la burla,

para burlarnos de los abrazos,

sin pudor ni vergüenza,



perdimos la nobleza,

y recuperamos el aliento

para mofarnos de los credos y los dioses;



aprendimos a cantar el himno de las sombras,

aprendimos de los serios

para entonar los epitafios

en las canciones fúnebres

que nacieron en la tempestad de los humanos

buscando ser alegres,



nos enseñaron a temerle a la desnudes,

a despreciar los versos

y a burlarnos de los poetas,

nos enseñaron a caminar mirando el suelo,

como si en el suelo

estuviera el mapa del pueblo

que detestamos e insultamos,

por la sola idea de tener poco tiempo

para hacer lo que haya que hacer.



Aprendimos a vivir muertos,

dejamos la conciencia en la cuna

y nos amarraron los cordones

para bailar de marionetas

cada una de las tonadas

de la sinfónica lunar

que tocan los grandes,

nuestros dueños,

nuestros amos.