domingo, abril 11, 2010

CLANDESTINO



Allí me quedé para deshacerme del cómo,
del por qué y del cuando,
allí me quedé mirando el cuadro de Guayasamín
mientras la fila para el alcohol
me invitó a saludar a esos desconocidos colegas de farra
que buscaron encender la cabeza
para eternizar esa noche
entre sus manos.


Allí me quedé esperando la tuición del vaso

quizás para embriagarme,
quizás para enamorarme,
pero allí me quedé,
por la gracia y deseo de los dioses,
dioses que aun nadie me ha presentado,


allí me quedé a cantar una canción,

usando a la barra de piano
y a los ebrios de músicos
para venerar la entrada de la luna,
luna vestida de una mujer risueña
que por esa puerta
nunca pensé encontrármela.


Allí me quedé incrédulo

esperando no ser víctima de los ronquidos
ni de alguna pastilla escondida
entre mi locura y mis canciones,
que pecó de melodía excitada
en las entradas de mis sienes.


La vi tan hermosa,

que hasta la palabra hermosa me pareció básica,


la vi tan sencilla,

que hasta la sencillez desató en llantos,


y la noche no hizo más que comenzar a caminar

fumando la Vitamina de un viernes por la noche
que nos vio sumergidos entre el pueblo y el sonido,
haciendo poemas en medio de la pista.


Por eso juro que hoy tengo más letras en mi escritorio,

juro que hoy más que nunca,
abusaré y secaré la tinta
hasta que no quede espacio alguno
en ninguno de mis anotadores,
porque he vuelto a nacer
con otra historia que se construye,
en el sur del mundo,
a punta de versos y prosas,
para una mujer que no sabe que le escribo.

domingo, marzo 21, 2010

SOLO ERA UN CAFÉ



Sólo quería un café,

en Santiago, Madrid o Buenos Aires,

sentados sobre los adoquines de Lastarria,

o perdidos en la acera de la calle Sucre,

sólo quería un café

para hincarme a cantar en la medialuna de la ciudad

las letras desesperadas de este anotador

que esperan furiosas escondidas

en el fondo de un guardador.


Sólo quería un café para mirarla y adorarla,

para escucharla burlarse de todos mis versos,

que yo creí dignos de un nobel,


sólo quería un café

para tener la excusa de poder besarle la mejilla

de entrada y de salida,

para poder tener más emociones

que me servirán de poemas

el día de mi juicio final,

para lograr coordinar mi pulso

sin tener que padecer un parkinson insaciable

cada vez que la tengo enfrente,


sólo quería un café,

para escribirle con la servilleta,

lo que nunca me atreví a decirle con la boca,

y así quizás morirme tranquilo

en la víspera de San Valentín,

lejos de las rosas y de los corazones.


Sólo pedí un café con ella, sobre la ciudad,

y termino cansado el día,

sin siquiera haber tenido una respuesta.



miércoles, febrero 17, 2010

TRÁGICO EN RECREO




Morena dónde estás,
que los giros son más agitados
y veo más cercana
la posibilidad de quedarme allí en el muelle
alojando a mi cuerpo y a los siete litros de vodka
que me tienen pensándote
desde que me dispuse a abrir esa botella.


Dime que también escuchas
el oleaje excitado conjugando sus gemidos
con algún tema de Charly García sonando a lo lejos,
y que no soy yo quien quiere sentarse a escribir para siempre,
las historias que conforman estos versos
que comienzo a detestar,


dime que no se trata de una roca

la mujer que permanece sentada a un par de metros,
viéndome tragar la noche
en sorbos desesperados y alejados
de donde mis otros compañeros
se empinan, al lado de la fogata,
esa hierba humeante que los hace felices,


dime que no es Sabina

el que canta al otro costado del océano,
y que no son mis amigos
los que le roban el silencio
al puerto inspirado
y emocionado,


dime que no es verdad

el trágico final de mi botella,
dime que no soy yo
ni aquella mi agonía
las que besan los litros de sal
que comienzan a subir por entre los fierros
y que no son ellos,
los hombres de blanco,
los que toman mi cuerpo hacia el carrito
que me tendrá hasta que se vistan luego
todos de negro,
y se recuerden de lo mucho que me quisieron.


Dime que no es verdad,

que sigo sin saber si estoy vivo o estoy muerto,
si estoy ahogado o enterrado,
o si es esto un poema o un epitafio,


dime si te llamas Morena o Argelina,

si eres la Pamela o la Masiel,
dime si fuiste tú
o los hombres con balizas,
o los rostros lloriqueados de mis amigos
o el mar de perfecta garganta,
o si fue la noche y su lugubridad,
dime si quizás fue esa botella,
lo que me obligó a terminar este texto
sentado en una nube
mirando cómo ustedes están velando mi cuerpo.