miércoles, octubre 20, 2010

FIESTA TRICOLOR




Y qué dirán ahora

los intelectuales modernos,
con qué canción de arrogancia
bajarán hacia la tierra
para reírse de esa multitud
que salta sobre los abarrotes desparramados,
que canta nada más que por un par de colores
y un pedazo de género
flameando sobre el techo del edificio,


cuál será la excusa
para enseriar otra vez nuestros rostros,
gélidos y faltos de sonrisas,
como si la amargura
de tener que sacarnos la garras cada día,
fuera el oxígeno necesario para poder vivir,


con qué descrédito social,
vendrán ahora a disfrazarme de imberbe,
como si saborear la locura
de un pueblo emborrachado
con tanta esquizofrenia jubilosa
fuera el punto de acceso
hacia el funeral del intelecto;


¡Pobres mentales!,
Que yo me quedo con plaza Italia
Y no con la abadía,


entonces,
que me perdonen los neogenios,
que prefiero la ignorancia
dando botes en mi pieza,
antes que el renuncio
a tanta fiesta alevosa
que nos recuerda
la razón carnavalesca para la que fuimos creados.


Fotografía: Tomás Bunster

domingo, octubre 03, 2010

EL VALLE DE LA MOCHA



Allí las gotas caen hasta formar espumas,
las guitarras tocan en las plazas públicas,
y las mujeres miran a sus espaldas
adivinando a los espías que se muerden la lengua
con una botella entre sus manos,
sentados en las áreas verdes
que se niegan a desaparecer.

allí, supe conversar con los libros
aprendí los versos de Santa Sabina
que caían tan seguidos
como los cantos en el techo
por el mal tiempo del que nadie se queja.

Allí nacieron las cuerdas,
los timbales y las voces,

allí creció Miguel y la resistencia,
allí quedó su descendencia universitaria,
que tuvo en su género flameante
la sangre guerrillera
entre mezclada con el negro pavor
de la muerte y la tortura,

allí en los vientos nocturnos del sur,
cantan los héroes del pasado,
los hijos del mundo
que se empinan alcohol y cultura,
también amor y locuras,
en los cerros o en la laguna,
en el río o en el puerto,
en las salas de clases,
o en el parque,
en todas las esquinas
de donde deciende el perfume exquisito
de sus avenidas.

Y es que los mocheros tienen cuento
y son bravos,
porque el Valle es independiente,
y la pañoleta es para mostrarla en el aire
flameando consignas justas y necesarias,
quizás cantando, quizás gritando,
quizás marchando,

por eso es que hoy,
en el nucleo de este cemento civilizado,
tengo ese gusto lacrimógeno en la garganta,
mientras pienso en lo que ahora podría estar haciendo,
junto a los gritos incesantes de un pueblo
que merece incluso
un estado propio.

Y aquí estoy yo,
esperando algún día
poder revivir,
embriagándome como en esos años,
en los rincones del Valle de la Mocha.

viernes, julio 09, 2010

QUIZÁS EL IMPACTO



Quizás sean los años,

o quizás el whisky,



quizás sea mi cuerpo

que insinúa desazón y burlas,


quizás mi cabellera tenga forma de inodoro

para las palomas,


quizás sea el disco que suena en el parlante,

o mi aliento con olor a estupidez

servido en esta mesa,


quizás sean mis poemas,

o mis canciones,

o mi fanatismo por la ternura,

o mis rasgos de locura,


quizás sea mi difunta cabellera larga

la que ya no interpreta las tonadas

que te hicieron terminar dormida

entre medio de mis sábanas,


quizás sea mi enemistad con los gimnasios,

quizás mi hostilidad a la ingeniería,

quizás mi letargo a las sudaderas blancas

o a las fotos en la playa,


quizás sea mi perfil de intelectual,

lejos de la inteligencia,


quizás sea mi nombre,

o mis palabras,

quizás mi ciudad,

o mis ansias de hermandad,


quizás sean mis protestas contra Dios

o mis blasfemosas alabanzas a Maradona,


quizás sean ellos,

quizás sean todos,

quizás sea ella,

o quizás sea yo,


quizás no sea nadie,


quizás el aguacero

haya venido por su cuenta

a inundarme los rincones de vida

que me quedaban por el resto de la tarde,


quizás deba aquí

despedirme del último verso y mirarme al espejo,

para entender que la perfección varonil

la tiene aquel bendito tarado

de mejillas rasmillantes y pelo medio liso,

que camuflado con fibras viriles

a medio relucir,

se emborracha en ella y sin misericordia

en las cercanías de donde habita

el Valle de la Mocha.


Quizás la muerte,

entregue nueva vida,

o quizás esa vida,

nos entregue una nueva muerte.