martes, enero 26, 2010

UNCIÓN DE LOS ENFERMOS




El cuerpo siempre nos negó la eternidad,

y sin embargo,

continuamos frunciendo nuestros rostros

en el camino hacia la muerte.



Siempre supimos de la libertad,

pero agachamos la cabeza

en la cultura de la prisión

que nos atrapa,

que nos asesina la conducta

en la triste virtud de la occidentalización.



Cambiamos la risa por el odio,

y con odio nos reímos del que se ríe,



abrazamos la burla,

para burlarnos de los abrazos,

sin pudor ni vergüenza,



perdimos la nobleza,

y recuperamos el aliento

para mofarnos de los credos y los dioses;



aprendimos a cantar el himno de las sombras,

aprendimos de los serios

para entonar los epitafios

en las canciones fúnebres

que nacieron en la tempestad de los humanos

buscando ser alegres,



nos enseñaron a temerle a la desnudes,

a despreciar los versos

y a burlarnos de los poetas,

nos enseñaron a caminar mirando el suelo,

como si en el suelo

estuviera el mapa del pueblo

que detestamos e insultamos,

por la sola idea de tener poco tiempo

para hacer lo que haya que hacer.



Aprendimos a vivir muertos,

dejamos la conciencia en la cuna

y nos amarraron los cordones

para bailar de marionetas

cada una de las tonadas

de la sinfónica lunar

que tocan los grandes,

nuestros dueños,

nuestros amos.


2 comentarios:

Andrea González dijo...

Que hermoso el poema, sigo pegada con el mensaje. No nos damos cuenta que vivimos como máquinas, es cierto lo que dices siempre, que al mundo le hace falta poesía. Ven luego a leer a Valpo, aquí te esperamos, da gusto leer tus letras, de verdad.

Cariño costeño

Cynthia Rosales dijo...

No dejas de sorprenderme, ya sabes