lunes, diciembre 24, 2007

EN LA 23 15


Demasiado ruido camina en algún burdel
reposado en esta Villa,
demasiadas voces pernoctan en el pasaje
donde yacen piedras cayendo del pasado,
demasiadas mañas se vomitan en la 23 15,
justo a un costado donde se cantan todos, y a destajo,
que sus muebles gozan en la Producción y Comercio,
en este cerro pavimentado de chubis ampliados
y algunos con autos,
ahí señores,
donde se aloja la 23 15,
y donde ya no vivirán más las chifladas sombras
que por un tiempo decidieron guardar sus cuerpos
entre estos blancos cercados,
tres sombras mirándose desnudos por dos años,
una sombra mirando desnuda a la otra por tres meses,
todo ocurrido en la sub casas de las 23 15.


Y es que los vecinos reirán pariendo dudas
cuando vean las moles con ruedas instaladas cerca de sus jardines,
retirando o quizás robando parlantes y cajones,
también ropa y dos pantallas que se van de mi búnker
para tal vez dónde aglutinarse en algún frío
y extraño campo de concentración.


Pero más nostalgia me causa el saber que varias faldas,
que un par de espejos y 4 libros, entre otras posiljas,
tendrán que morir fuera de esta puerta,
desde aquellos meses en que un par de lentes
las trajo a mis paredes, literalmente hablando,
para luego abandonarlas hasta estos días,
cuando veo a esos mismos lentes
doblando géneros y juntando las cintas
para subirlas a un carro verde oscuro que aún no llega,
todo esto, señores míos,
en la niebla circundante por la 23 15.


Tendré que yo dejar también las visiones
y comenzar a imitar a estos dos cristales,
que en la 23 15 hace varios minutos que ya no están,
y tener que apagar las luces dejando cualquier cosa
menos silencio,
en esta cueva que sabe de mi
incluso más que mis propios padres,
por lo que no me quedan más esperanzas
que reunir todas las bolsas
y abrir la boca para tragarme las sienes,
siquiera sea por un minuto.


Y deberán saber ustedes grandes lectores,
que tengo más letras que contarles,
que ganas no tengo ni por un segundo de callarme,
pero sucede que se me acaba el mando dentro de estas ventanas,
y un señor de las llaves me hace pelear con el poco tiempo que me queda,
por lo que tomo mis últimas cunas y cierro la tinta,
no sin dejar por supuesto alguna lágrima entre las alfombras,
y junto los ojos quizás para siempre,
de la misma forma en que junto la puerta
que da la bienvenida a las 23 15.




1 comentario:

Carla Valdés dijo...

Julio:

Que decir, quizás tantas cosas y a la vez creo que nada. No creo que con palabras pudiese manifestar y hacerte saber todo el cariño que te tengo, lo importante que has sido en mi proceso de reconstrucción, en la toma de decisiones y en esta nueva Carla que soy. Feliz Navidad, Julio, que ojalá esta hermosa amistad que tenemos siga durante años y años, y que vayamos logrando cosas cada día mejores en nuestras áreas y que la poesía siempre sea una fuente de descubrimiento para ambos.
Te Quiero mucho, gracias por llegar a mi vida, gracias por permanecer.
Un abrazo grande,
Carla